Tenía mi México un no se qué…

Recuerdo que desde que era joven México ha venido teniendo crisis sucesivas, de las cuales hasta hace poco parece que de una o de otra forma, había podido salir.

Recuerdo la primera devaluación que me tocó vivir, cuando de la noche a la mañana nuestra moneda cambió de los $12.50 pesos por dólar, tipo de cambio que durante muchos años se mantuvo sin cambios, y pasó en un abrir y cerrar de ojos a $25.00 sí, perdimos la mitad del valor adquisitivo de nuestra moneda, esto sucedió bajo el primer régimen abiertamente populista que recuerdo, y también el primer presidente que recuerdo que tenía una labia incansable, tenía que estar todos los días en todos los diarios del país con notas de 8 columnas en primera plana, el tristemente célebre Luis Echeverría Álvarez, quien junto con su sucesor José López Portillo, hicieron que sus dos sexenios fueran conocidos como “La docena trágica”, en clara alusión a los aciagos 10 días que sucedieron al asesinato del Presidente Francisco I. Madero.

Hoy tal vez el término 8 columnas para muchos jóvenes ya no significa nada, como muchas otras expresiones populares cuyo pintoresco entorno ya no les tocó vivir.

Pero como todo en la vida, todo está en empezar, a partir de aquel momento de la devaluaciòn, con el que definitivamente llegaba a su fin el periodo de crecimiento de la economía mexicana conocido como el “Desarrollo Estabilizador”, o como el milagro de la economía mexicana.

El presidente en turno, “Primer Mandatario” de la Nación como se le solía llamar al presidente, expresión que seguramente hizo mucho daño entre grandes grupos de población, que confundían al mandatario con una especie de autoridad para “mandar”, valga la redundancia, en un carácter  como de capataz de alguna hacienda, o la gente sencilla que utilizaba el término del “mandamás” así, junto, y había también quienes decían el “patrón”, incluyendo personal de los más sencillos rangos entre las Fuerzas Armadas.

Pero más que a la anécdota quisiera reflexionar con ustedes sobre el concepto que a lo largo de varias generaciones se fue formando y deformando.  Pienso que si en general se hubiera tenido claro el concepto de mandatario, que hubiese sido un término que se enseñara en la escuela, no más allá del 6° año de primaria y con ejemplos claros, como aprender a distinguir arrendatario es el que paga por el derecho de utilizar un bien que no es suyo, a su dueño, como en el caso de la renta de un departamento, el dueño es el arrendador, y el arrendatario es quien entrega dinero como contraprestación por obtener el derecho de uso. O bien depositante, quien hace un depósito por ejemplo de dinero suyo en una institución financiera, y el depositario, que es la institución que lo recibe, pero el dueño sigue siendo el depositante. Un ejemplo más moderno es el del dueño de un modelo de negocio exitoso, quien decide multiplicar su negocio por medio de convertirlo en una franquicia, es decir se vuelve un franquiciante, y comparte su prestigio comercial, marca, imagen y secretos del negocio como franquiciante, y por otro lado quien desea adquirir una franquicia de dicho negocio y paga por el derecho de uso de los citados elementos, sin convertirse en propietario, es el franquiciatario.

En el caso del uso del término patrón, enseñar que patrón es quien te contrata y te paga por tus servicios, generalmente son empresas, de tal forma que el jefe y el patrón no son ni el mismo, ni lo mismo. Y en el caso del mandamás, pues simplemente decir que aunque en la práctica es o puede ser una persona con mucho poder, no puede hacer todo lo que quiera, porque para eso están las leyes.

Pero regresando al tema de las devaluaciones, recuerdo que México ha vivido desde hace muchos años en una permanente o latente crisis económica, doy un ejemplo de cuando el Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores, INFONAVIT, se dedicaba a la construcción de unidades habitacionales, hoy solamente administra los créditos y hay empresas constructoras que llevan a cabo los desarrollos habitacionales. Bueno pues en aquellos años en los que este Instituto hacía construcción, emitía los precios unitarios de construcción, con base en los que pagaría el desarrollo de la misma, llegó a tal grado la inflación, en los años 80s, que los mencionados precios unitarios se actualizaban cuatro veces al año, cada tres meses subían los precios.

La contabilidad de las empresas, antes de que existieran los sistemas informáticos, era muy compleja, adicionalmente, la miscelánea fiscal, como terminó llamándose al conjunto de ocurrencias que emanaban de la Secretaría de Hacienda, tan complejas tanto por la inflación como por los cambios constantes en criterios y requerimientos, en la forma de determinar la base gravable de impuestos, los formatos a utilizar, todo era complicado, como si se quisiera dificultar el cumplimiento para luego sancionar.

Yo creo que muchos de todos estos problemas se habrían podido evitar o reducir, si se hubieran aclarado los conceptos a los que me referí más arriba, si todos hubiéramos tenido claro que el mandatario es el que ha sido designado por el mandante, quien es el que efectivamente detenta el poder, si se nos hubiera formado la consciencia de sociedad mandante, al tiempo de inculcar también valores patrios, educación cívica, equilibrio entre derechos y deberes, respeto a la autoridad competente, habríamos formado otra clase de país.

Pero dentro de todas esas carencias en la formación, confusión de conceptos y crisis económicas y políticas recurrentes, había un elemento que permitía de alguna manera hacer que las cosas no fueran demasiado lejos, que nadie habiéndose saltado las trancas, fuera en el gobierno, en la iniciativa privada,  el ámbito sindical, repito, no se llegara demasiado lejos. ¿Cuál era ese elemento? La existencia de contrapesos.

Hablar de contrapesos no significa, o no nada más el que debe haber entre los Tres Poderes de la Unión, sino muchos otros de la sociedad mediante diversos órganos colegiados, gremiales, de representatividad, sean asociaciones profesionales, colegios de profesionistas, barras de abogados, cámaras y federaciones y confederaciones de cámaras, asociaciones empresariales, padres de familia, sindicatos en pugna por contratos de trabajo de diversas empresas, asociaciones de padres de familia, de escuelas y universidades. Todo este complejo sistema tenía la virtud de generar liderazgos sociales que en muchos casos tenían la gran virtud de la valentía y de la combatividad.

Yo no sé, no alcanzo a entenderlo bien o a precisarlo con hechos específicos, pero me parece que esa característica de estos organismos, como que se ha ido desdibujando, tal vez tantas batallas medio ganadas o medio perdidas, tantas victorias Pírricas, han terminado por ir agotando a todos los actores sociales y políticos, volviéndose tal vez más resignados los unos y más acomodaticios los otros, tal vez todos más o menos hipnotizados por el “poder” de las redes sociales, que hacen creer a unos y otros que se puede en el mundo virtual lo que en el real parece más difícil, desde hacer un “amigo” en Face Book, establecer una relación en Instagram, o miles de seguidores en Twitter, con todas las consecuencias en pérdida de la objetividad primero, de la libertad después y de adicciones de muy diversos tipos como la pornografía, jugar a la bolsa, comprar y vender monedas virtuales, y si ponemos todo esto como en realidad pertenece, a elementos de una voluntad universal de dominio, transculturización, reingeniería social, además de una descomposición de los valores tradicionales como la vida, la familia, la libertad, la educación, la naturaleza de nuestro propio ser, como otro brazo de esta voluntad universal, enfermedades cultivadas en laboratorio, pandemias en las que se aísla a los sanos y no a los enfermos.

Sí, todo esto está  sucediendo, pero de forma subyacente y como si nadie o muy pocos quisieran percatarse de lo que pasa en el mundo pero también en México, algo grave le ha pasado a nuestro México. Ha sido traicionado y sometido por quienes prometieron durante más de 12 años de campañas políticas, muy buenas para plantear reclamos, muchos de ellos legítimos, para señalar culpables, pero sin proceder contra ellos, sembraron el odio y la división  de la sociedad, y hoy, como consecuencia de la pandemia, de la distorsión  de lo real mediante lo virtual y un largo etcétera, los medios de comunicación masiva, callan rastreramente lo que sucede de fondo en nuestro país y se dedican a corear las malas acciones de este gobierno, o realidades intrascendentes para la vida nacional, los políticos del anterior sistema, de todos los colores, antes tan protagónicos, tan amantes del reflector y de la influencia en sus respectivas bancadas y en la conciliación de las reformas, algunas mejores que otras, otras con mucho tiempo de retraso porque las condiciones políticas (léase los intereses de los propios partidos),no eran idóneas para esto o para aquello, hoy también son un vergonzoso hueco en el sistema de equilibrio, algunos porque pactaron, otros porque tiene cola que les pisen, otros, los menos, callados por falta de valor, por cobardía ante su responsabilidad histórica que sigue siendo menor que su interés por seguir percibiendo sus jugosos sueldos con la única responsabilidad de presenciar en palco de honor la destrucción  de México, y los poquísimos, honrosas excepciones que parecen estar en peligro de extinción, que levantan valientemente la voz en contra de aspectos con los que no están de acuerdo, sea en temas relativos a defensa de la vida, derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones, o al cuidado del medio ambiente, pero son muy pocos y son ignorados, o si alguna consciencia logran conmover, no es suficiente ni el número ni los temas, muchas veces no se percatan de que cuentan con mucho apoyo por parte de la sociedad a la que representan, pero ni unos ni otros estamos entrenados para trabajar en sinergia, que paradójico. 

Hay también notables liderazgos sociales, frescos algunos con voces jóvenes que nos llenan de esperanza, ya connotados otros, que no aprenden, no pueden o no quieren tampoco hacer sinergia y le hacen honor a ese triste México que prefiere obstaculizar el paso del vecino en lugar de buscar juntos una mayor altura de miras y un mejor horizonte de resultados.

Y ahora que asistimos al último, al más reciente golpe de este gobierno fallido, de esta farsa de división de poderes,  de esta pandilla de ladrones, corruptos destructores de México que le han autorizado al mandatario, nueva ironía, a quien debería de obedecer, la utilización  de los fondos depositados en más de 100 fideicomisos cuyo destino eran diversas áreas clave para el desarrollo de México, que veo una sociedad postrada y confundida entre los que están hechizados con un ejercicio electoral en el 2021 que ya se ve que no va a ser posible ante un sistema que ha claudicado y ha dejado que una sola persona, con mínima capacidad tome las decisiones que competen a todo el país, ante un grupo de gobernadores que tratan de levantar la cabeza como intentando no ahogarse de cansancio en una piscina enfangada que tiene demasiado lejos cualquiera de sus bordes, ante una sociedad que está haciendo esfuerzos titánicos pero inconexos, mientras otros sectores siguen pensando que los grandes noticieros les harían ver si México se acercara a algún peligro, y otros que siguen pensando que realmente en su calidad de pobres son la prioridad del gobierno, cuando en realidad solamente significan votos comprados al precio de la destrucción económica, social, política y económica de una noble pero en gran medida indolente nación, siento una gran nostalgia, porque es mucho lo que vamos a perder, o más bien lo que se está perdiendo, y tengo que voltear la mirada a un pasado melancólico que me hace pensar mucho en ese mi país del que dice la canción, “…tenía mi México un no se qué”.

Todos somos necesarios, cambiando paradigmas y marcando prioridades.

Pero vuelvo la mirada al frente y me pregunto y les pregunto, líderes, movimientos, legisladores, jueces, organismos de la sociedad, nuestra hora ha llegado, tal vez el panorama se presenta demasiado complejo, con grandes obstáculos y grandes huecos que dificultan la cohesión y la vinculación social, levantemos la voz, pero primeramente para escucharnos unos a otros, para unirnos, para sumar nuestras fuerzas, para establecer las estrategias que satisfagan los requerimientos de la reconstrucción  nacional, pero con prioridades claras, los dubitativos que se decidan de una vez y no miren pasar los acontecimientos en espera de un porvenir que no va a producirse solo, sumemos a los jóvenes, las ideas de unos y la creatividad de otros, la disposición al diálogo, el establecimiento de objetivos específicos, cortar, en su caso lo que se tenga que cortar, antes aún de lo que marquen los tiempos de lo políticamente correcto, tendremos que cambiar paradigmas sin salirnos de la ley pero estar dispuestos a hacer que se cumpla como sociedad mandante.

Hay una opción  que se ha hecho más visible, tal vez no sea la única pero contempla lo mismo que otras más, sólo hay que ponerse de acuerdo en los comos y en los tiempos, si criticamos a los políticos por no ponerse de acuerdo ni renunciar a sus colores, cuando todos vamos en el mismo barco, no caigamos en el mismo error, para que el futuro no nos reclame lo que no hicimos hoy y para que nuestros arrepentimientos no lleguen a ser por tardíos, válidos, pero inservibles.