Mexicanos al grito de guerra 4

En esta entrega vamos a revisar una historia interesante que dio lugar a que se prohibiera cantar una parte de nuestro Himno Nacional, y que llama la atención por algunas similitudes de aquél entonces y la época actual, en la que los negros nubarrones se ciernen sobre nuestra Patria y parecen decirnos que así como el sol sale para todos, también la adversidad podría hacerse presente y provocar un lamentable daño a México, a su población, a su presente y a su fututro, de ahí la necesidad de convocar a la Sociedad Civil a la unidad nacional, a evitar divisiones y enconos artificialmente provocados y apostarnos unidos por el bien y el futuro de La Patria. Quiera Dios que aprendamos de nuestra Historia para que no la repitamos.

Es a Antonio López de Santa Anna a quién debemos la idea de convocar a un concurso en el que se elegiría la letra y música del Himno Nacional Mexicano, las dos siguientes cuartetas formaban parte del original, ya no se cantan en la actualidad por prohibición expresa, López el dictador,  tuvo que dejar el poder antes de que dicha versión se oficializara.

En ella se incluyen estas dos cuartetas que representan una alabanza  que se hace a sí mismo, a quien aquí se define como el héroe inmortal de Zempoala, y que se hizo proclamar en once ocasiones Presidente de México entre los años de 1833 y 1855, siempre dispuesto a satisfacer primero sus propios intereses que el Sagrado Interés Nacional, a él se debe entre otras desgracias nacionales haber cedido a los Estados Unidos casi el 50% de nuestro territorio nacional.

Antonio López de Santa Anna
Del guerrero inmortal de Zempoala
te defienda la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor.

Dice en la primera línea de esta cuarteta “Del guerrero inmortal de Zempoala” ya desde que aspira el Dictador a inmortalizarse siendo un personaje vivo a la sazón, denota claramente su megalomanía, característica que se encuentra en este tipo de personajes, de ahí la plena vigencia que tiene nuestro Himno, de la que se hizo mención al principio, hoy que se hace presente la sombra del totalitarismo surgido del extranjerizante y comunista Foro de Sao Paulo, nos viene muy bien mirar con atención estas líneas de autoelogio grandilocuente, que dirigidas al López de aquel entonces, nos pintan de una pieza al nuevo López.

Y al continuar diciendo “Te defienda la espada terrible” , es claro que este contexto de la noble arma y de lo terrible que puede llegar a ser, no es el mismo que ha venido utilizando el autor, aquí se percibe más como una amenaza, pues tanto la defensa como la forma de defender están en la voluntad del gobernante y no en el corazón de toda la Nación, de quien el que gobierna es Mandatario, esto es que quien manda, quien es titular en todo momento de la Soberanía Nacional es la Sociedad Civil.

Finalizan la cuarteta estas dos líneas, “Y sostiene su brazo invencible tu sagrado pendón tricolor”, en esta redacción se aprecia claramente la intención propagandística con la que utilizando elementos reales de la Identidad Nacional como es el “Sagrado pendón tricolor” es decir, nuestra Bandera Nacional es la que sostendría el invencible brazo, hay que leer con atención para darse cuenta de lo que existe detrás de la alegoría, más que buscar el apoyo en los valores patrios, los viene a poner bajo el pretendido invencible brazo que empuña la terrible espada del Dictador.

Él será el feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque él supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.

Es claro que el resultado de dicho planteamiento para el Dictador, será su estado de exultante felicidad, “Él será el feliz mexicano” ¡felicidad suya! por supuesto, que además se anuncia ya para todo momento ulterior en la vida de La Patria al decir “en la paz y en la guerra el caudillo”, pierde importancia la situación de la Patria y cobra relevancia la del “caudillo”, insisto, la Soberanía que reside en el pueblo, no requiere un caudillo, necesita un mandatario, honroso cargo que se asume para servir a La Patria y no para servirse de ella y de la población.

Volvemos nuevamente a la propaganda, haciéndose eco de una real o supuesta batalla en la que se cubrió de honor, pretende sustentar su continuidad como caudillo, pues afirma que seguirá siéndolo “en la paz y en la guerra”. Tal vez haya pleno fundamento en la exclusión que de esta estrofa se hizo, como pedagogía de la historia y como previsión de nuevos episodios en la vida nacional.

Dejemos hasta aquí la reflexión sobre esta “estrofa prohibida” de nuestro Himno Nacional, pero tengamos presente que no es bueno que una sola persona concentre demasiado poder, esto siempre será en detrimento de la población.

El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Mexicanos al grito de guerra 3

En la última entrega hablamos de masiosares y de Charros Mexicanos, como parte de una nueva estructura o marco conceptual, para incidir en los conceptos de unidad nacional, de valores patrios y otros conceptos propositivos, para substraernos al discurso beligerante y polarizador. Unidad Nacional es lo que requerimos en estos momentos y unirnos en torno a valores universales que puedan ser asumidos por muchos, tales como los que nos propone nuestro Himno Nacional Mexicano.

En sangrientos combates los viste  
Por tu amor palpitando sus senos,
Arrostrar la metralla serenos,
Y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas
De tus hijos inflama la mente,
Los laureles del triunfo, tu frente
Volverán inmortales a ornar.

En esta estrofa vemos claramente que sin importar lo violenta y fragorosa que pueda resultar la contienda, será siempre preferible llegar hasta la entrega de la vida, antes que claudicar en su defensa.  Inicia de esta forma, “En sangrientos combates los viste por tu amor palpitando sus senos”, es decir, que el precio de la sangre, no resulta demasiado alto cuando lo que aquilata el valor de lo que se está defendiendo es precisamente el amor que se le tiene al bien defendido, que se manifiesta justo en el palpitante amor que nos surge desde dentro.

Sigue con el constante gesto valiente y desafiante, “arrostrar la metralla serenos, y la muerte o la gloria buscar”, una acertada alegoría de la virtud de la fortaleza, que está tanto en el resistir como en el acometer, cuando vemos que se mantiene la serenidad ante la adversidad que implica estar enfrentando el fuego enemigo representado en la metralla que se arrostra, hoy la metafórica metralla podría venir de la prensa, de los medios, de los legisladores con agendas extranjeras, del gobernante que se sirve del cargo, del arribista que busca medrar con banderas ideológicas que tal vez en el fondo no comparte, en fin , de todo aquél que se ha negado a ser fiel a su Patria, es decir cuando en el ataque recibido nos va la vida o la muerte y aun así como los “Niños Héroes”, que en Chapultepec honraron con su vida a la Patria y a la Historia, se irá hasta el final en el compromiso con la Patria.

No siendo suficiente lo dicho anteriormente, a continuación una llamada de atención, una previsión hacia el futuro en el que pudiera llegar a darse nuevamente una situación de guerra, de necesidad de salir en defensa de la Patria, “si el recuerdo de antiguas hazañas de tus hijos inflama la mente” tengamos por seguro que el evocar el pasado glorioso de algunos pasajes de nuestra Historia, servirá para volver a mantener viva la flama del heroísmo, necesidad que caracteriza a las horas más dramáticas del devenir presente o futuro.

Que este recuerdo que se haga de gestas heroicas del pasado, se convierta nuevamente en el impulso que permita salir airosos de las situaciones desventuradas en las que se haga necesaria la lucha para el restablecimiento de la paz y la unidad, con la promesa que leemos así “los laureles del triunfo, tu frente volverán inmortales a ornar”, es decir que nuevamente se verá adornada la orgulloza cabellera de la Patria con la corona del triunfo conquistada por sus hijos, quienes no dudarán en pagar con su vida y con su sangre el sagrado deber de defenderla.

¡Qué visionario parece haber sido el autor! como que tenía claro que tarde o temprano las gestas de hermanos voverían a manchar con los nubarrones del fragor de la batalla entre hermanos, a continuación nos insiste que no importa de donde provenga el enemigo, sea de más allá de sus fronteras o de sus propias entrañas, su destino habrá de ser el mismo, verá su destrucción a toda costa.

Como al golpe del rayo la encina 
Se derrumba hasta el hondo torrente,
La discordia vencida, impotente,
A los pies del arcángel cayó.
Ya no más de tus hijos la sangre
Se derrame en contienda de hermanos,
Sólo encuentra el acero en tus manos
Quien tu nombre sagrado insultó.

Para reforzar lo que se comentaba líneas más arriba, en torno al posible enemigo surgido desde el interior mismo de la Patria, en esta estrofa encontramos que nos dice: “Como al golpe del rayo la encina se derrumba hasta el hondo torrente, la discordia vencida, impotente, a los pies del arcángel cayó”, no puede ser más claro, cualquiera que sea la causa de la discordia, habrá que hacerla caer hasta el hondo barranco, como si hubiera sido destrozado por un rayo, todos sabemos lo que le sucede a un árbol cuando en medio de una tormenta en la montaña, recibe directamente la descarga de un rayo, al instante queda vuelto cenizas con los restos del tronco negruzcos como muestra del poder de la naturaleza.

Así será el destino de todo factor de discordia en la Patria, y entonces ya impotente, habiendo sido vencida, irá a dar a los pies del arcángel, ¿de cuál arcángel estamos hablando? Del que se menciona en la primera estrofa después de las líneas del coro, el arcángel de la paz, quien coronará las sienes de la Patria con la corona de olivo, éste mismo arcángel será el que una y otra vez que la discordia se haga presente para destruir la Unidad Nacional y por tanto poner en entredicho el destino de México, verá rodar a sus pies los calcinados restos de la discordia, sea quien fuere la causa de la misma. Y todavía insiste con mayor fuerza y claridad en las dos siguientes líneas, dejando claro que se está hablando de la posibilidad del enemigo surgido desde adentro, ante quien no se tendrá reserva alguna en someter por la fuerza de “el acero en tus manos” si es necesario, para evitar el combate entre connacionales.   

“Ya no más de tus hijos la sangre se derrame en contienda de hermanos, sólo encuentra el acero en tus manos quien tu nombre sagrado insultó” Y vaya que hoy día encontramos más de uno que pretende cimentar en la discordia, la división y el exacerbar las diferencias, la clave con la que identificar su forma de liderzgo, en lugar de hacer de la riqueza del mosaico pluriétnico y multicultural de México, el contrapunto que permita armonizar las diferencias para mostrar las grandes posibilidades que dicha variedad nos ofrecen, en la visión policromada en la que cada cual tiene un puesto importate en la formación del todo que sintetiza nuestra Patria, con su territorio y con su población, necesitada de un gobierno de unidad en el que se asuman los valores que estamos describiendo y no éste en el que se siembra la discordia.

Dejemos por ahora hasta aquí el análisis de nuestro Himno Nacional, espero que nos encontremos nuevamente en la siguiente entrega. Hasta entonces que Dios te bendiga.

Mexicanos al grito de guerra 2

Dejamos la entrega anterior en el análisis de la estrofa que hace las veces de estribillo, y nos vamos directamente a la primera de las 10 estrofas:

Ciña ¡Oh Patria! Tus sienes de oliva, 
de la paz el arcángel divino
Que en el cielo tu eterno destino, 
por el dedo de Dios se escribió 

La primera parte de esta estrofa tan rica nos coloca de inmediato en el contexto, en el escenario de la paz, y de qué forma, nos presenta la paz como un elevadísimo ideal, veamos: “Ciña, ¡Oh Patria! Tus sienes de oliva, de la paz el arcángel divino”.  Ceñir las sienes con la palma del olivo ha sido desde tiempo inmemorial, desde la Grecia Clásica al menos, un símbolo no sólo de paz, sino de triunfo, es decir que se aspira a la paz, mediante el triunfo en la defensa de lo propio y en el rechazo de lo ajeno, pero además de que se aspira, de que se hace esta clara alusión al triunfo, se aspira a que el árbitro de esta contienda en la que se ha obtenido la victoria, sea nada más y nada menos que “de la paz el arcángel divino”, esto es una concepción de la paz como una situación trascendente, una paz duradera, más allá del tiempo, y una paz que tiene que surgir por fuerza, del interior de todos y de cada uno de los habitantes de nuestro querido país,

Sólo así puede ser una auténtica paz, paz como estado ideal y trascendente, que queda puesta claramente de manifiesto en la línea que prosigue, “que en el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió”.  Así es, la aspiración de nuestro México, tierra en la que Santa María de Guadalupe nos dejó como regalo su sagrada imagen, es una paz al estilo de Dios, quien, de acuerdo con el autor, es el firmante del destino de nuestra Nación, una paz duradera, permanente, como parte de nuestra identidad, pues nos dice textualmente “que en el cielo tu eterno destino”…

Más si osare un extraño enemigo, 
profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo 
un soldado en caja hijo te dio.

Una vez establecido este concepto, viene de inmediato la heroica consigna a la que a lo largo de distintos versos se nos estará llamando y poniendo de relieve, aprecien la fuerza y la precisión de la primera línea de esta estrofa: “Más si osare un extraño enemigo” es decir, si cualquier persona, pretendiera ir en contra de esta paz que ha quedado claramente definida, no importa quien sea, por eso lo define como “un extraño enemigo”, extraño en este sentido lo podemos tomar como totalizante, al dejarlo en el anonimato, puede ser quien sea, quien sea que “osare”, es decir que se atreva, que se atreva a qué, a “profanar con su planta tu suelo”, profanar es atentar contra un sagrado recinto, es deshonrar, mancillar, despreciar, blasfemar, estos son algunos de los sinónimos de la palabra.

Mejor palabra no pudo, por tanto, utilizar el autor, puesto que está dejando por sentado que el Territorio Nacional Mexicano es de suyo un recinto sagrado, pero además, el inflexible planteamiento que nos dice que bastaría con tan sólo una planta, es decir, con una planta del pie, que pusiera nuestro anónimo y generalizado enemigo, con una sola que pusiera dentro de nuestro territorio y lo profanara, sería suficiente para que en un intempestivo despertar, cada uno de los ciudadanos mexicanos estuviera de inmediato dispuesto a empuñar el arma y preparar su cabalgadura, para emprender de inmediato la defensa de la Patria.

Conscientes de que esta noble responsabilidad deriva de lo que se define en la última parte de esta estrofa de nuestro Himno Nacional: “Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo, un soldado en cada hijo te dio” Pero quiero puntualizar, además, que el enemigo puede provenir del exterior y por eso bastaría tan solo un pie, pero si surgiera este enemigo al interior del territorio, con intención de profanar, de dividir, de provocar el encono entre mexicanos, la consigna seguiría siendo la misma. Con esto queda ennoblecida la encomienda, puesto que es tan sagrado el deber de la defensa, como el sagrado recinto que se defiende, a saber, nuestro Territorio e Identidad Nacional.

Las palabras “más si osare”, han sido utilizadas en la cultura popular como una sola palabra, el famoso Masiosare, personaje que más que pertenecer a determinada clase social, sería más bien alguien que por propia voluntad se coloca fuera de cualquier clase, opuesto a cualquier estilo, alguien de quien nos podríamos serntir avergonzados por su forma de hablar, de actuar, de vestir, que resulta de alguna forma contrario a la armonía de nuestra forma universal de ser mexicanos.

México es un mosaico, un hermoso vitral lleno de colores, con claroscuros y contrastes, con variedad de culturas y diversidad de etnias, cada una de las cuales ha contribuido a la integración de nuestra realidad nacional, el masiosare por lo tanto, será aquél que rompa, que divida, que altere la belleza y la unidad del paisaje nacional, no importando la posición que tenga dentro del mosaico.

De esta forma pdremos encontrar masiosares legisladores, aquéllos que promuevan y/o aprueben leyes que vayan en contra del bien común, o busquen privilegiar minorías contrarias a nuestros valores, o se sumen a intereses ajenos al interés nacional, no importa del signo que sean; podremos encontrar masiosares empresarios, aquéllos que busquen beneficios más allá de lo que la justicia y la equidad aconsejan, o que estén dispuestos a tranzar para obtener contratos o hacer negocios sucios, habrá obreros masiosares o líderes sindicales masiosares si con el apoyo sindical o por su cuenta, buscan defender la irresponabilidad o no cumplir con su trabajo en forma comprometida, de forma que se obstaculice el sano desarrollo económico y social que deriva de la generación de riqueza y su posterior distribución, serán masiosares “estudiantes” aquéllos que pretendan desestabilizar instituciones educativas poniendo en riesgo el destino de las generaciones en formación. Como podemos ver, todos aquéllos que de cualquier forma vayan en contra de los valores y tradiciones nacionales.

Pues ese Masiosare, sería la personificación del “extraño enemigo” alguien que no va de acuerdo con el auténtico estilo y espíritu mexicano, ese espíritu del mexicano alto de miras y comprometido, del que nos hablan algunas de nuestras canciones populares, como la del Charro Mexicano, noble valiente y leal, México lindo y querido, si muero lejos de tí, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí, un amor real a la Patria, que nos haga desear no morir fuera de ella, y en su caso, que fingiendo un sueño se nos traiga al suelo patrio para morir en él.

Unidad nacional será por tanto la idea con la que busquemos la construcción del México de esta época, éste en el que compartimos tiempo y espacio, emoción y sentimiento, expectativas y deseos de porvenir, sueños para nuestros hijos y nietos, tierra pródiga y fecunda que está esperando como surco abierto la semilla de nuestro esfuerzo conjunto y unido para hacerla germinar y retornarnos, a cambio del esfuerzo, los frutos abundantes que nos puede dar si nos comprometemos con ella, con nuestra querida Patria.

En este espacio identificremos como Charros la cara opuesta del masiosare, es decir, el Charro es el verdadero amante de México, en cualquier parte del mosaico nacional en que se encuentre, todo el que se sume al esfuerzo en pro de la unidad nacional será nuesto Charro Valedor, ese que en la Charrería, identificada en todo el mundo como nuestro deporte nacional, sabe hacer suertes con la reata y la montura, haciendo floreos, manganas, coleadas, lazadas y tantas otras suertes.

En la vida cotidiana serán nuestras actividades productivas, educativas, de emprendimiento, pequeños comerciantes, de solidridad social, promotoras de la salud, y que millones y milones de mexicanos desarrollamos día tras día, tal vez sin consciencia del gran valor que este esfuerzo conjunto representa para el avance y desarrollo de nuestro país, hagámoslo todos de hoy en adelante con nuestro Estilo Charro Mexicano, así entendido.

Seguiremos repasando nuestro Himno y obteniendo enseñanzas y conclusiones que nos permitan identtificarnos como buenos gallos y buenos Charros en la construcción de nuestra vida nacional. Hasta la próxima.

Mexicanos al grito de guerra…1

Minientrada

Con este título doy inicio a una reflexión en torno a nuestro Himno Nacional, que se desarrollará en varias entregas, revisando una a una sus bellas e inspiradoras estrofas.

Al inicio de la década de los 60 del siglo pasado, 1961 para ser precisos, iniciaba yo el primer año de primaria en el Instituto México, para entonces en el plantel de la calle de Amores, en la Colonia del Valle de la Ciudad de México ya estaba solamente la primaria, dividida de 1o a 3o que correspondía a una mitad del patio central del edificio, y de 4o a 6o en la otra mitad, división que tenía por medio al famoso “portaaviones” como era conocido el núcleo de baños, construcción de un solo nivel, que remataba hacia otro patio posterior y el “campo de tierra” como se llamaba a la cancha de fútbol, remataba decía con la dulcería, lugar donde nos arremolinábamos en gran bullicio los revoltosos de primaria inferior o superior según el turno.

Este mencionado portaaviones era visible claramente desde el pasillo de la planta alta del edificio de aulas, ése que recorríamos camino al salón de canto, en donde se dieron mis primeros encuentros gozosos con nuestro Himno Nacional, su letra y su música.

Recuerdo claramente que me gustaba mucho ir a clase de canto, no crean ustedes que aprendí a cantar, puesto que en realidad no recibíamos clases de canto, eso sería muy adornado, íbamos simplemente a cantar al amparo del sonido del antiguo piano que ahí había y que me parecía muy claro e inspirador, pero no por eso se produjo el milagro de que aprendiera a cantar.

Eso me quedó muy claro cuando en alguna ocasión siendo alumno todavía de la escuela primaria, y disfrutando del canto como he dicho, me fui a inscribir para concursar a un puesto en el coro del colegio, y me rechazaron justamente por desafinado. Y desafinado seguí, y digo seguí porque no dejé de cantar, claro que lo hacía para mí mismo y con el público siempre amable por imaginario, que es el que solemos tener los cantantes como yo, de regadera.

Así pues, ya desde que subíamos por la escalera que nos correspondía y nos dirigíamos al salón de canto, la emoción se me hacía patente, el sonido de los pasos de más de 50 alumnos que habíamos en cada salón, me parecía como si fuera un pelotón de nuestro Ejército Nacional preparándose para servir a La Patria.

Tener a la vista el portaaviones ayudaba al escenario musical imaginado por mí, y no se diga cuando en ceremonias importantes nos reunían a todos los alumnos en el patio de tierra, seis grupos de cada grado de primaria, 36 grupos de 50 alumnos por lo menos, 1,800 alumnos, todos con uniforme de gala, perfectamente formados, ya se imaginarán la emoción que se sentía cuando entonábamos el Himno Nacional.

Actualmente tengo ya 65 años cumplidos y un recuerdo seguramente matizado por el tiempo, pero no solamente por el tiempo transcurrido, el tiempo presente, la época actual en la que mi México se debate entre crisis económicas, políticas, sociales y de salud pública.

Ahora que pareciera que los cimientos mismos de la Patria y toda la estructura social y el tejido familiar así como las convicciones personales son sometidos a pruebas de resistencia y de autenticidad, se me ha metido la idea de revisar el contenido de nuestro Himno Nacional, con la esperanza de encontrar en sus estrofas algo que nos brinde luz, que nos llene de aquella emoción con la que me ilusionaba y tanto me identificaba cuando de niño cantaba.

Por eso me di a la tarea de buscar una versión completa, y una búsqueda rápida en internet me arrojó de inmediato un puñado de opciones de las que tomé una al azar, que publicó la Secretaría de Relaciones Exteriores en el número 13 de Derecho y Cultura, correspondiente al ejemplar de enero a abril del año 2004. Y al momento de escribir y ponerlo en negritas y cursivas el título de la publicación, me detengo sorprendido, vuelvo a leer con calma DERECHO Y CULTURA.

Y de inmediato me digo, ¡cuánta falta nos hacen estas dos simples palabras! Y cuán pocos hemos de haber sido los que en algún momento hemos visto el contenido de esta publicación.  Derecho y Cultura, pero también se podría decir Derecho a la Cultura, o bien la Cultura del Derecho, y creo que me inclino más por el orden alfabético que el orden de aparición de estas palabras en la publicación aludida, Cultura del Derecho, si tan sólo esta materia se nos enseñara bien en todos los niveles escolares, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria, superior, tecnológica, normal, de manera adicional unos cuantos conceptos claros en torno a los números, al uso adecuado del lenguaje y un poco de trabajo en equipo, ¡qué distinta sería nuestra sociedad!

Pero volvamos al Himno, decía que busqué primero conocerlo completo, lo encuentro, lo leo, lo releo varias veces y descubro con asombro que, además de ser hermoso, cosa que yo recordaba, nuestro Himno Nacional podría ser una especie de manual del ciudadano, pleno de vigencia en cuanto al amor a La Patria, a la defensa de nuestros valores e identidad nacional, y sobre todo a entender la importancia de la Unidad como requisito indispensable para poder pensar en la defensa de México ante el “extraño enemigo”, viniera de donde viniese.

Vamos pues con esta remembranza y reflexión preliminar que nos pone un poco en contexto, a analizar la letra de nuestro bello Himno Nacional Mexicano.

La primera estrofa, que constituye el estribillo o coro, es la que todos mejor conocemos:

Mexicanos al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón

Vemos que esta primer estrofa del coro, NO habla de un país bélico, sino del espíritu que se necesita tener en el caso de que el estado de guerra por alguna circunstancia se presente.  Nos indica claramente a través de las palabras “el acero aprestad y el bridón”, que aluden a la espada y a la cabalgadura  de los soldados de caballería, que debemos estar preparados y decididos, sabiendo empuñar las armas y monturas que nos permitan emprender la defensa de lo nuestro.

Encontramos a continuación la consecuencia de la lucha armada en la evocadora  frase: “y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón”, al decir retiemble en sus centros nos dice el autor que vibren las entrañas de la Patria, no hace alusión por supuesto al planeta cuando dice tierra, sino a la tierra en tanto que el Territorio Nacional, mismo que podría verse amenazado o incluso invadido en una situación de guerra.

Por lo tanto tendrían que estremecerse las entrañas de la Nación, y esto sólo puede ser posible a través de la inflamación del sentimiento patrio de cada uno de sus ciudadanos, y a continuación nos presenta la realidad de la situación de beligerancia, “al sonoro rugir del cañón”, rugido ciertamente, producido por la explosión y las detonaciones de las armas de fuego, sea una pistola, un rifle o un cañón, será sonoro, pero no dejará de ser rugido, es decir, una fiera expresión de lo terrible de la guerra.

Continuaremos en la siguiente entrega. Te agradeceré si dejas un comentario.