Mexicanos al Grito de Sí a la Vida

Un soldado en cada hijo te dió

En estos momentos en los que el futuro de las siguientes generaciones de mexicanos está en manos de los Magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es hora de que nos digan claramente si se van a comportar como “Masiosares”, réplicas del extraño enemigo que claramente menciona nuestro Himno Nacional, o van a estar a la altura de lo que su alta responsabilidad histórica les demanda.

Si la respuesta que nos den a la Sociedad Civil Nacional que se ha pronunciado repetidamente a favor de la vida y que ha blindado en por lo menos 18 Estados la vida a nivel de Constitución Local es negativa, hará que encuentren en nosotros lo que también sentencia el Himno Nacional: “Piensa oh Patria querida que el cielo, un soldado en cada hijo te dió”, para defender dicho Derecho.

Mexicanos al grito de guerra 4

En esta entrega vamos a revisar una historia interesante que dio lugar a que se prohibiera cantar una parte de nuestro Himno Nacional, y que llama la atención por algunas similitudes de aquél entonces y la época actual, en la que los negros nubarrones se ciernen sobre nuestra Patria y parecen decirnos que así como el sol sale para todos, también la adversidad podría hacerse presente y provocar un lamentable daño a México, a su población, a su presente y a su fututro, de ahí la necesidad de convocar a la Sociedad Civil a la unidad nacional, a evitar divisiones y enconos artificialmente provocados y apostarnos unidos por el bien y el futuro de La Patria. Quiera Dios que aprendamos de nuestra Historia para que no la repitamos.

Es a Antonio López de Santa Anna a quién debemos la idea de convocar a un concurso en el que se elegiría la letra y música del Himno Nacional Mexicano, las dos siguientes cuartetas formaban parte del original, ya no se cantan en la actualidad por prohibición expresa, López el dictador,  tuvo que dejar el poder antes de que dicha versión se oficializara.

En ella se incluyen estas dos cuartetas que representan una alabanza  que se hace a sí mismo, a quien aquí se define como el héroe inmortal de Zempoala, y que se hizo proclamar en once ocasiones Presidente de México entre los años de 1833 y 1855, siempre dispuesto a satisfacer primero sus propios intereses que el Sagrado Interés Nacional, a él se debe entre otras desgracias nacionales haber cedido a los Estados Unidos casi el 50% de nuestro territorio nacional.

Antonio López de Santa Anna
Del guerrero inmortal de Zempoala
te defienda la espada terrible,
Y sostiene su brazo invencible
tu sagrado pendón tricolor.

Dice en la primera línea de esta cuarteta “Del guerrero inmortal de Zempoala” ya desde que aspira el Dictador a inmortalizarse siendo un personaje vivo a la sazón, denota claramente su megalomanía, característica que se encuentra en este tipo de personajes, de ahí la plena vigencia que tiene nuestro Himno, de la que se hizo mención al principio, hoy que se hace presente la sombra del totalitarismo surgido del extranjerizante y comunista Foro de Sao Paulo, nos viene muy bien mirar con atención estas líneas de autoelogio grandilocuente, que dirigidas al López de aquel entonces, nos pintan de una pieza al nuevo López.

Y al continuar diciendo “Te defienda la espada terrible” , es claro que este contexto de la noble arma y de lo terrible que puede llegar a ser, no es el mismo que ha venido utilizando el autor, aquí se percibe más como una amenaza, pues tanto la defensa como la forma de defender están en la voluntad del gobernante y no en el corazón de toda la Nación, de quien el que gobierna es Mandatario, esto es que quien manda, quien es titular en todo momento de la Soberanía Nacional es la Sociedad Civil.

Finalizan la cuarteta estas dos líneas, “Y sostiene su brazo invencible tu sagrado pendón tricolor”, en esta redacción se aprecia claramente la intención propagandística con la que utilizando elementos reales de la Identidad Nacional como es el “Sagrado pendón tricolor” es decir, nuestra Bandera Nacional es la que sostendría el invencible brazo, hay que leer con atención para darse cuenta de lo que existe detrás de la alegoría, más que buscar el apoyo en los valores patrios, los viene a poner bajo el pretendido invencible brazo que empuña la terrible espada del Dictador.

Él será el feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo,
porque él supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.

Es claro que el resultado de dicho planteamiento para el Dictador, será su estado de exultante felicidad, “Él será el feliz mexicano” ¡felicidad suya! por supuesto, que además se anuncia ya para todo momento ulterior en la vida de La Patria al decir “en la paz y en la guerra el caudillo”, pierde importancia la situación de la Patria y cobra relevancia la del “caudillo”, insisto, la Soberanía que reside en el pueblo, no requiere un caudillo, necesita un mandatario, honroso cargo que se asume para servir a La Patria y no para servirse de ella y de la población.

Volvemos nuevamente a la propaganda, haciéndose eco de una real o supuesta batalla en la que se cubrió de honor, pretende sustentar su continuidad como caudillo, pues afirma que seguirá siéndolo “en la paz y en la guerra”. Tal vez haya pleno fundamento en la exclusión que de esta estrofa se hizo, como pedagogía de la historia y como previsión de nuevos episodios en la vida nacional.

Dejemos hasta aquí la reflexión sobre esta “estrofa prohibida” de nuestro Himno Nacional, pero tengamos presente que no es bueno que una sola persona concentre demasiado poder, esto siempre será en detrimento de la población.

El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Mexicanos al grito de guerra 3

En la última entrega hablamos de masiosares y de Charros Mexicanos, como parte de una nueva estructura o marco conceptual, para incidir en los conceptos de unidad nacional, de valores patrios y otros conceptos propositivos, para substraernos al discurso beligerante y polarizador. Unidad Nacional es lo que requerimos en estos momentos y unirnos en torno a valores universales que puedan ser asumidos por muchos, tales como los que nos propone nuestro Himno Nacional Mexicano.

En sangrientos combates los viste  
Por tu amor palpitando sus senos,
Arrostrar la metralla serenos,
Y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas
De tus hijos inflama la mente,
Los laureles del triunfo, tu frente
Volverán inmortales a ornar.

En esta estrofa vemos claramente que sin importar lo violenta y fragorosa que pueda resultar la contienda, será siempre preferible llegar hasta la entrega de la vida, antes que claudicar en su defensa.  Inicia de esta forma, “En sangrientos combates los viste por tu amor palpitando sus senos”, es decir, que el precio de la sangre, no resulta demasiado alto cuando lo que aquilata el valor de lo que se está defendiendo es precisamente el amor que se le tiene al bien defendido, que se manifiesta justo en el palpitante amor que nos surge desde dentro.

Sigue con el constante gesto valiente y desafiante, “arrostrar la metralla serenos, y la muerte o la gloria buscar”, una acertada alegoría de la virtud de la fortaleza, que está tanto en el resistir como en el acometer, cuando vemos que se mantiene la serenidad ante la adversidad que implica estar enfrentando el fuego enemigo representado en la metralla que se arrostra, hoy la metafórica metralla podría venir de la prensa, de los medios, de los legisladores con agendas extranjeras, del gobernante que se sirve del cargo, del arribista que busca medrar con banderas ideológicas que tal vez en el fondo no comparte, en fin , de todo aquél que se ha negado a ser fiel a su Patria, es decir cuando en el ataque recibido nos va la vida o la muerte y aun así como los “Niños Héroes”, que en Chapultepec honraron con su vida a la Patria y a la Historia, se irá hasta el final en el compromiso con la Patria.

No siendo suficiente lo dicho anteriormente, a continuación una llamada de atención, una previsión hacia el futuro en el que pudiera llegar a darse nuevamente una situación de guerra, de necesidad de salir en defensa de la Patria, “si el recuerdo de antiguas hazañas de tus hijos inflama la mente” tengamos por seguro que el evocar el pasado glorioso de algunos pasajes de nuestra Historia, servirá para volver a mantener viva la flama del heroísmo, necesidad que caracteriza a las horas más dramáticas del devenir presente o futuro.

Que este recuerdo que se haga de gestas heroicas del pasado, se convierta nuevamente en el impulso que permita salir airosos de las situaciones desventuradas en las que se haga necesaria la lucha para el restablecimiento de la paz y la unidad, con la promesa que leemos así “los laureles del triunfo, tu frente volverán inmortales a ornar”, es decir que nuevamente se verá adornada la orgulloza cabellera de la Patria con la corona del triunfo conquistada por sus hijos, quienes no dudarán en pagar con su vida y con su sangre el sagrado deber de defenderla.

¡Qué visionario parece haber sido el autor! como que tenía claro que tarde o temprano las gestas de hermanos voverían a manchar con los nubarrones del fragor de la batalla entre hermanos, a continuación nos insiste que no importa de donde provenga el enemigo, sea de más allá de sus fronteras o de sus propias entrañas, su destino habrá de ser el mismo, verá su destrucción a toda costa.

Como al golpe del rayo la encina 
Se derrumba hasta el hondo torrente,
La discordia vencida, impotente,
A los pies del arcángel cayó.
Ya no más de tus hijos la sangre
Se derrame en contienda de hermanos,
Sólo encuentra el acero en tus manos
Quien tu nombre sagrado insultó.

Para reforzar lo que se comentaba líneas más arriba, en torno al posible enemigo surgido desde el interior mismo de la Patria, en esta estrofa encontramos que nos dice: “Como al golpe del rayo la encina se derrumba hasta el hondo torrente, la discordia vencida, impotente, a los pies del arcángel cayó”, no puede ser más claro, cualquiera que sea la causa de la discordia, habrá que hacerla caer hasta el hondo barranco, como si hubiera sido destrozado por un rayo, todos sabemos lo que le sucede a un árbol cuando en medio de una tormenta en la montaña, recibe directamente la descarga de un rayo, al instante queda vuelto cenizas con los restos del tronco negruzcos como muestra del poder de la naturaleza.

Así será el destino de todo factor de discordia en la Patria, y entonces ya impotente, habiendo sido vencida, irá a dar a los pies del arcángel, ¿de cuál arcángel estamos hablando? Del que se menciona en la primera estrofa después de las líneas del coro, el arcángel de la paz, quien coronará las sienes de la Patria con la corona de olivo, éste mismo arcángel será el que una y otra vez que la discordia se haga presente para destruir la Unidad Nacional y por tanto poner en entredicho el destino de México, verá rodar a sus pies los calcinados restos de la discordia, sea quien fuere la causa de la misma. Y todavía insiste con mayor fuerza y claridad en las dos siguientes líneas, dejando claro que se está hablando de la posibilidad del enemigo surgido desde adentro, ante quien no se tendrá reserva alguna en someter por la fuerza de “el acero en tus manos” si es necesario, para evitar el combate entre connacionales.   

“Ya no más de tus hijos la sangre se derrame en contienda de hermanos, sólo encuentra el acero en tus manos quien tu nombre sagrado insultó” Y vaya que hoy día encontramos más de uno que pretende cimentar en la discordia, la división y el exacerbar las diferencias, la clave con la que identificar su forma de liderzgo, en lugar de hacer de la riqueza del mosaico pluriétnico y multicultural de México, el contrapunto que permita armonizar las diferencias para mostrar las grandes posibilidades que dicha variedad nos ofrecen, en la visión policromada en la que cada cual tiene un puesto importate en la formación del todo que sintetiza nuestra Patria, con su territorio y con su población, necesitada de un gobierno de unidad en el que se asuman los valores que estamos describiendo y no éste en el que se siembra la discordia.

Dejemos por ahora hasta aquí el análisis de nuestro Himno Nacional, espero que nos encontremos nuevamente en la siguiente entrega. Hasta entonces que Dios te bendiga.