Mexicanos al grito de guerra 2

Dejamos la entrega anterior en el análisis de la estrofa que hace las veces de estribillo, y nos vamos directamente a la primera de las 10 estrofas:

Ciña ¡Oh Patria! Tus sienes de oliva, 
de la paz el arcángel divino
Que en el cielo tu eterno destino, 
por el dedo de Dios se escribió 

La primera parte de esta estrofa tan rica nos coloca de inmediato en el contexto, en el escenario de la paz, y de qué forma, nos presenta la paz como un elevadísimo ideal, veamos: “Ciña, ¡Oh Patria! Tus sienes de oliva, de la paz el arcángel divino”.  Ceñir las sienes con la palma del olivo ha sido desde tiempo inmemorial, desde la Grecia Clásica al menos, un símbolo no sólo de paz, sino de triunfo, es decir que se aspira a la paz, mediante el triunfo en la defensa de lo propio y en el rechazo de lo ajeno, pero además de que se aspira, de que se hace esta clara alusión al triunfo, se aspira a que el árbitro de esta contienda en la que se ha obtenido la victoria, sea nada más y nada menos que “de la paz el arcángel divino”, esto es una concepción de la paz como una situación trascendente, una paz duradera, más allá del tiempo, y una paz que tiene que surgir por fuerza, del interior de todos y de cada uno de los habitantes de nuestro querido país,

Sólo así puede ser una auténtica paz, paz como estado ideal y trascendente, que queda puesta claramente de manifiesto en la línea que prosigue, “que en el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió”.  Así es, la aspiración de nuestro México, tierra en la que Santa María de Guadalupe nos dejó como regalo su sagrada imagen, es una paz al estilo de Dios, quien, de acuerdo con el autor, es el firmante del destino de nuestra Nación, una paz duradera, permanente, como parte de nuestra identidad, pues nos dice textualmente “que en el cielo tu eterno destino”…

Más si osare un extraño enemigo, 
profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo 
un soldado en caja hijo te dio.

Una vez establecido este concepto, viene de inmediato la heroica consigna a la que a lo largo de distintos versos se nos estará llamando y poniendo de relieve, aprecien la fuerza y la precisión de la primera línea de esta estrofa: “Más si osare un extraño enemigo” es decir, si cualquier persona, pretendiera ir en contra de esta paz que ha quedado claramente definida, no importa quien sea, por eso lo define como “un extraño enemigo”, extraño en este sentido lo podemos tomar como totalizante, al dejarlo en el anonimato, puede ser quien sea, quien sea que “osare”, es decir que se atreva, que se atreva a qué, a “profanar con su planta tu suelo”, profanar es atentar contra un sagrado recinto, es deshonrar, mancillar, despreciar, blasfemar, estos son algunos de los sinónimos de la palabra.

Mejor palabra no pudo, por tanto, utilizar el autor, puesto que está dejando por sentado que el Territorio Nacional Mexicano es de suyo un recinto sagrado, pero además, el inflexible planteamiento que nos dice que bastaría con tan sólo una planta, es decir, con una planta del pie, que pusiera nuestro anónimo y generalizado enemigo, con una sola que pusiera dentro de nuestro territorio y lo profanara, sería suficiente para que en un intempestivo despertar, cada uno de los ciudadanos mexicanos estuviera de inmediato dispuesto a empuñar el arma y preparar su cabalgadura, para emprender de inmediato la defensa de la Patria.

Conscientes de que esta noble responsabilidad deriva de lo que se define en la última parte de esta estrofa de nuestro Himno Nacional: “Piensa ¡Oh Patria querida! Que el cielo, un soldado en cada hijo te dio” Pero quiero puntualizar, además, que el enemigo puede provenir del exterior y por eso bastaría tan solo un pie, pero si surgiera este enemigo al interior del territorio, con intención de profanar, de dividir, de provocar el encono entre mexicanos, la consigna seguiría siendo la misma. Con esto queda ennoblecida la encomienda, puesto que es tan sagrado el deber de la defensa, como el sagrado recinto que se defiende, a saber, nuestro Territorio e Identidad Nacional.

Las palabras “más si osare”, han sido utilizadas en la cultura popular como una sola palabra, el famoso Masiosare, personaje que más que pertenecer a determinada clase social, sería más bien alguien que por propia voluntad se coloca fuera de cualquier clase, opuesto a cualquier estilo, alguien de quien nos podríamos serntir avergonzados por su forma de hablar, de actuar, de vestir, que resulta de alguna forma contrario a la armonía de nuestra forma universal de ser mexicanos.

México es un mosaico, un hermoso vitral lleno de colores, con claroscuros y contrastes, con variedad de culturas y diversidad de etnias, cada una de las cuales ha contribuido a la integración de nuestra realidad nacional, el masiosare por lo tanto, será aquél que rompa, que divida, que altere la belleza y la unidad del paisaje nacional, no importando la posición que tenga dentro del mosaico.

De esta forma pdremos encontrar masiosares legisladores, aquéllos que promuevan y/o aprueben leyes que vayan en contra del bien común, o busquen privilegiar minorías contrarias a nuestros valores, o se sumen a intereses ajenos al interés nacional, no importa del signo que sean; podremos encontrar masiosares empresarios, aquéllos que busquen beneficios más allá de lo que la justicia y la equidad aconsejan, o que estén dispuestos a tranzar para obtener contratos o hacer negocios sucios, habrá obreros masiosares o líderes sindicales masiosares si con el apoyo sindical o por su cuenta, buscan defender la irresponabilidad o no cumplir con su trabajo en forma comprometida, de forma que se obstaculice el sano desarrollo económico y social que deriva de la generación de riqueza y su posterior distribución, serán masiosares “estudiantes” aquéllos que pretendan desestabilizar instituciones educativas poniendo en riesgo el destino de las generaciones en formación. Como podemos ver, todos aquéllos que de cualquier forma vayan en contra de los valores y tradiciones nacionales.

Pues ese Masiosare, sería la personificación del “extraño enemigo” alguien que no va de acuerdo con el auténtico estilo y espíritu mexicano, ese espíritu del mexicano alto de miras y comprometido, del que nos hablan algunas de nuestras canciones populares, como la del Charro Mexicano, noble valiente y leal, México lindo y querido, si muero lejos de tí, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí, un amor real a la Patria, que nos haga desear no morir fuera de ella, y en su caso, que fingiendo un sueño se nos traiga al suelo patrio para morir en él.

Unidad nacional será por tanto la idea con la que busquemos la construcción del México de esta época, éste en el que compartimos tiempo y espacio, emoción y sentimiento, expectativas y deseos de porvenir, sueños para nuestros hijos y nietos, tierra pródiga y fecunda que está esperando como surco abierto la semilla de nuestro esfuerzo conjunto y unido para hacerla germinar y retornarnos, a cambio del esfuerzo, los frutos abundantes que nos puede dar si nos comprometemos con ella, con nuestra querida Patria.

En este espacio identificremos como Charros la cara opuesta del masiosare, es decir, el Charro es el verdadero amante de México, en cualquier parte del mosaico nacional en que se encuentre, todo el que se sume al esfuerzo en pro de la unidad nacional será nuesto Charro Valedor, ese que en la Charrería, identificada en todo el mundo como nuestro deporte nacional, sabe hacer suertes con la reata y la montura, haciendo floreos, manganas, coleadas, lazadas y tantas otras suertes.

En la vida cotidiana serán nuestras actividades productivas, educativas, de emprendimiento, pequeños comerciantes, de solidridad social, promotoras de la salud, y que millones y milones de mexicanos desarrollamos día tras día, tal vez sin consciencia del gran valor que este esfuerzo conjunto representa para el avance y desarrollo de nuestro país, hagámoslo todos de hoy en adelante con nuestro Estilo Charro Mexicano, así entendido.

Seguiremos repasando nuestro Himno y obteniendo enseñanzas y conclusiones que nos permitan identtificarnos como buenos gallos y buenos Charros en la construcción de nuestra vida nacional. Hasta la próxima.

Mexicanos al grito de guerra…1

Minientrada

Con este título doy inicio a una reflexión en torno a nuestro Himno Nacional, que se desarrollará en varias entregas, revisando una a una sus bellas e inspiradoras estrofas.

Al inicio de la década de los 60 del siglo pasado, 1961 para ser precisos, iniciaba yo el primer año de primaria en el Instituto México, para entonces en el plantel de la calle de Amores, en la Colonia del Valle de la Ciudad de México ya estaba solamente la primaria, dividida de 1o a 3o que correspondía a una mitad del patio central del edificio, y de 4o a 6o en la otra mitad, división que tenía por medio al famoso “portaaviones” como era conocido el núcleo de baños, construcción de un solo nivel, que remataba hacia otro patio posterior y el “campo de tierra” como se llamaba a la cancha de fútbol, remataba decía con la dulcería, lugar donde nos arremolinábamos en gran bullicio los revoltosos de primaria inferior o superior según el turno.

Este mencionado portaaviones era visible claramente desde el pasillo de la planta alta del edificio de aulas, ése que recorríamos camino al salón de canto, en donde se dieron mis primeros encuentros gozosos con nuestro Himno Nacional, su letra y su música.

Recuerdo claramente que me gustaba mucho ir a clase de canto, no crean ustedes que aprendí a cantar, puesto que en realidad no recibíamos clases de canto, eso sería muy adornado, íbamos simplemente a cantar al amparo del sonido del antiguo piano que ahí había y que me parecía muy claro e inspirador, pero no por eso se produjo el milagro de que aprendiera a cantar.

Eso me quedó muy claro cuando en alguna ocasión siendo alumno todavía de la escuela primaria, y disfrutando del canto como he dicho, me fui a inscribir para concursar a un puesto en el coro del colegio, y me rechazaron justamente por desafinado. Y desafinado seguí, y digo seguí porque no dejé de cantar, claro que lo hacía para mí mismo y con el público siempre amable por imaginario, que es el que solemos tener los cantantes como yo, de regadera.

Así pues, ya desde que subíamos por la escalera que nos correspondía y nos dirigíamos al salón de canto, la emoción se me hacía patente, el sonido de los pasos de más de 50 alumnos que habíamos en cada salón, me parecía como si fuera un pelotón de nuestro Ejército Nacional preparándose para servir a La Patria.

Tener a la vista el portaaviones ayudaba al escenario musical imaginado por mí, y no se diga cuando en ceremonias importantes nos reunían a todos los alumnos en el patio de tierra, seis grupos de cada grado de primaria, 36 grupos de 50 alumnos por lo menos, 1,800 alumnos, todos con uniforme de gala, perfectamente formados, ya se imaginarán la emoción que se sentía cuando entonábamos el Himno Nacional.

Actualmente tengo ya 65 años cumplidos y un recuerdo seguramente matizado por el tiempo, pero no solamente por el tiempo transcurrido, el tiempo presente, la época actual en la que mi México se debate entre crisis económicas, políticas, sociales y de salud pública.

Ahora que pareciera que los cimientos mismos de la Patria y toda la estructura social y el tejido familiar así como las convicciones personales son sometidos a pruebas de resistencia y de autenticidad, se me ha metido la idea de revisar el contenido de nuestro Himno Nacional, con la esperanza de encontrar en sus estrofas algo que nos brinde luz, que nos llene de aquella emoción con la que me ilusionaba y tanto me identificaba cuando de niño cantaba.

Por eso me di a la tarea de buscar una versión completa, y una búsqueda rápida en internet me arrojó de inmediato un puñado de opciones de las que tomé una al azar, que publicó la Secretaría de Relaciones Exteriores en el número 13 de Derecho y Cultura, correspondiente al ejemplar de enero a abril del año 2004. Y al momento de escribir y ponerlo en negritas y cursivas el título de la publicación, me detengo sorprendido, vuelvo a leer con calma DERECHO Y CULTURA.

Y de inmediato me digo, ¡cuánta falta nos hacen estas dos simples palabras! Y cuán pocos hemos de haber sido los que en algún momento hemos visto el contenido de esta publicación.  Derecho y Cultura, pero también se podría decir Derecho a la Cultura, o bien la Cultura del Derecho, y creo que me inclino más por el orden alfabético que el orden de aparición de estas palabras en la publicación aludida, Cultura del Derecho, si tan sólo esta materia se nos enseñara bien en todos los niveles escolares, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria, superior, tecnológica, normal, de manera adicional unos cuantos conceptos claros en torno a los números, al uso adecuado del lenguaje y un poco de trabajo en equipo, ¡qué distinta sería nuestra sociedad!

Pero volvamos al Himno, decía que busqué primero conocerlo completo, lo encuentro, lo leo, lo releo varias veces y descubro con asombro que, además de ser hermoso, cosa que yo recordaba, nuestro Himno Nacional podría ser una especie de manual del ciudadano, pleno de vigencia en cuanto al amor a La Patria, a la defensa de nuestros valores e identidad nacional, y sobre todo a entender la importancia de la Unidad como requisito indispensable para poder pensar en la defensa de México ante el “extraño enemigo”, viniera de donde viniese.

Vamos pues con esta remembranza y reflexión preliminar que nos pone un poco en contexto, a analizar la letra de nuestro bello Himno Nacional Mexicano.

La primera estrofa, que constituye el estribillo o coro, es la que todos mejor conocemos:

Mexicanos al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón

Vemos que esta primer estrofa del coro, NO habla de un país bélico, sino del espíritu que se necesita tener en el caso de que el estado de guerra por alguna circunstancia se presente.  Nos indica claramente a través de las palabras “el acero aprestad y el bridón”, que aluden a la espada y a la cabalgadura  de los soldados de caballería, que debemos estar preparados y decididos, sabiendo empuñar las armas y monturas que nos permitan emprender la defensa de lo nuestro.

Encontramos a continuación la consecuencia de la lucha armada en la evocadora  frase: “y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón”, al decir retiemble en sus centros nos dice el autor que vibren las entrañas de la Patria, no hace alusión por supuesto al planeta cuando dice tierra, sino a la tierra en tanto que el Territorio Nacional, mismo que podría verse amenazado o incluso invadido en una situación de guerra.

Por lo tanto tendrían que estremecerse las entrañas de la Nación, y esto sólo puede ser posible a través de la inflamación del sentimiento patrio de cada uno de sus ciudadanos, y a continuación nos presenta la realidad de la situación de beligerancia, “al sonoro rugir del cañón”, rugido ciertamente, producido por la explosión y las detonaciones de las armas de fuego, sea una pistola, un rifle o un cañón, será sonoro, pero no dejará de ser rugido, es decir, una fiera expresión de lo terrible de la guerra.

Continuaremos en la siguiente entrega. Te agradeceré si dejas un comentario.