Tenía mi México un no se qué…

Recuerdo que desde que era joven México ha venido teniendo crisis sucesivas, de las cuales hasta hace poco parece que de una o de otra forma, había podido salir.

Recuerdo la primera devaluación que me tocó vivir, cuando de la noche a la mañana nuestra moneda cambió de los $12.50 pesos por dólar, tipo de cambio que durante muchos años se mantuvo sin cambios, y pasó en un abrir y cerrar de ojos a $25.00 sí, perdimos la mitad del valor adquisitivo de nuestra moneda, esto sucedió bajo el primer régimen abiertamente populista que recuerdo, y también el primer presidente que recuerdo que tenía una labia incansable, tenía que estar todos los días en todos los diarios del país con notas de 8 columnas en primera plana, el tristemente célebre Luis Echeverría Álvarez, quien junto con su sucesor José López Portillo, hicieron que sus dos sexenios fueran conocidos como “La docena trágica”, en clara alusión a los aciagos 10 días que sucedieron al asesinato del Presidente Francisco I. Madero.

Hoy tal vez el término 8 columnas para muchos jóvenes ya no significa nada, como muchas otras expresiones populares cuyo pintoresco entorno ya no les tocó vivir.

Pero como todo en la vida, todo está en empezar, a partir de aquel momento de la devaluaciòn, con el que definitivamente llegaba a su fin el periodo de crecimiento de la economía mexicana conocido como el “Desarrollo Estabilizador”, o como el milagro de la economía mexicana.

El presidente en turno, “Primer Mandatario” de la Nación como se le solía llamar al presidente, expresión que seguramente hizo mucho daño entre grandes grupos de población, que confundían al mandatario con una especie de autoridad para “mandar”, valga la redundancia, en un carácter  como de capataz de alguna hacienda, o la gente sencilla que utilizaba el término del “mandamás” así, junto, y había también quienes decían el “patrón”, incluyendo personal de los más sencillos rangos entre las Fuerzas Armadas.

Pero más que a la anécdota quisiera reflexionar con ustedes sobre el concepto que a lo largo de varias generaciones se fue formando y deformando.  Pienso que si en general se hubiera tenido claro el concepto de mandatario, que hubiese sido un término que se enseñara en la escuela, no más allá del 6° año de primaria y con ejemplos claros, como aprender a distinguir arrendatario es el que paga por el derecho de utilizar un bien que no es suyo, a su dueño, como en el caso de la renta de un departamento, el dueño es el arrendador, y el arrendatario es quien entrega dinero como contraprestación por obtener el derecho de uso. O bien depositante, quien hace un depósito por ejemplo de dinero suyo en una institución financiera, y el depositario, que es la institución que lo recibe, pero el dueño sigue siendo el depositante. Un ejemplo más moderno es el del dueño de un modelo de negocio exitoso, quien decide multiplicar su negocio por medio de convertirlo en una franquicia, es decir se vuelve un franquiciante, y comparte su prestigio comercial, marca, imagen y secretos del negocio como franquiciante, y por otro lado quien desea adquirir una franquicia de dicho negocio y paga por el derecho de uso de los citados elementos, sin convertirse en propietario, es el franquiciatario.

En el caso del uso del término patrón, enseñar que patrón es quien te contrata y te paga por tus servicios, generalmente son empresas, de tal forma que el jefe y el patrón no son ni el mismo, ni lo mismo. Y en el caso del mandamás, pues simplemente decir que aunque en la práctica es o puede ser una persona con mucho poder, no puede hacer todo lo que quiera, porque para eso están las leyes.

Pero regresando al tema de las devaluaciones, recuerdo que México ha vivido desde hace muchos años en una permanente o latente crisis económica, doy un ejemplo de cuando el Instituto del Fondo Nacional para la Vivienda de los Trabajadores, INFONAVIT, se dedicaba a la construcción de unidades habitacionales, hoy solamente administra los créditos y hay empresas constructoras que llevan a cabo los desarrollos habitacionales. Bueno pues en aquellos años en los que este Instituto hacía construcción, emitía los precios unitarios de construcción, con base en los que pagaría el desarrollo de la misma, llegó a tal grado la inflación, en los años 80s, que los mencionados precios unitarios se actualizaban cuatro veces al año, cada tres meses subían los precios.

La contabilidad de las empresas, antes de que existieran los sistemas informáticos, era muy compleja, adicionalmente, la miscelánea fiscal, como terminó llamándose al conjunto de ocurrencias que emanaban de la Secretaría de Hacienda, tan complejas tanto por la inflación como por los cambios constantes en criterios y requerimientos, en la forma de determinar la base gravable de impuestos, los formatos a utilizar, todo era complicado, como si se quisiera dificultar el cumplimiento para luego sancionar.

Yo creo que muchos de todos estos problemas se habrían podido evitar o reducir, si se hubieran aclarado los conceptos a los que me referí más arriba, si todos hubiéramos tenido claro que el mandatario es el que ha sido designado por el mandante, quien es el que efectivamente detenta el poder, si se nos hubiera formado la consciencia de sociedad mandante, al tiempo de inculcar también valores patrios, educación cívica, equilibrio entre derechos y deberes, respeto a la autoridad competente, habríamos formado otra clase de país.

Pero dentro de todas esas carencias en la formación, confusión de conceptos y crisis económicas y políticas recurrentes, había un elemento que permitía de alguna manera hacer que las cosas no fueran demasiado lejos, que nadie habiéndose saltado las trancas, fuera en el gobierno, en la iniciativa privada,  el ámbito sindical, repito, no se llegara demasiado lejos. ¿Cuál era ese elemento? La existencia de contrapesos.

Hablar de contrapesos no significa, o no nada más el que debe haber entre los Tres Poderes de la Unión, sino muchos otros de la sociedad mediante diversos órganos colegiados, gremiales, de representatividad, sean asociaciones profesionales, colegios de profesionistas, barras de abogados, cámaras y federaciones y confederaciones de cámaras, asociaciones empresariales, padres de familia, sindicatos en pugna por contratos de trabajo de diversas empresas, asociaciones de padres de familia, de escuelas y universidades. Todo este complejo sistema tenía la virtud de generar liderazgos sociales que en muchos casos tenían la gran virtud de la valentía y de la combatividad.

Yo no sé, no alcanzo a entenderlo bien o a precisarlo con hechos específicos, pero me parece que esa característica de estos organismos, como que se ha ido desdibujando, tal vez tantas batallas medio ganadas o medio perdidas, tantas victorias Pírricas, han terminado por ir agotando a todos los actores sociales y políticos, volviéndose tal vez más resignados los unos y más acomodaticios los otros, tal vez todos más o menos hipnotizados por el “poder” de las redes sociales, que hacen creer a unos y otros que se puede en el mundo virtual lo que en el real parece más difícil, desde hacer un “amigo” en Face Book, establecer una relación en Instagram, o miles de seguidores en Twitter, con todas las consecuencias en pérdida de la objetividad primero, de la libertad después y de adicciones de muy diversos tipos como la pornografía, jugar a la bolsa, comprar y vender monedas virtuales, y si ponemos todo esto como en realidad pertenece, a elementos de una voluntad universal de dominio, transculturización, reingeniería social, además de una descomposición de los valores tradicionales como la vida, la familia, la libertad, la educación, la naturaleza de nuestro propio ser, como otro brazo de esta voluntad universal, enfermedades cultivadas en laboratorio, pandemias en las que se aísla a los sanos y no a los enfermos.

Sí, todo esto está  sucediendo, pero de forma subyacente y como si nadie o muy pocos quisieran percatarse de lo que pasa en el mundo pero también en México, algo grave le ha pasado a nuestro México. Ha sido traicionado y sometido por quienes prometieron durante más de 12 años de campañas políticas, muy buenas para plantear reclamos, muchos de ellos legítimos, para señalar culpables, pero sin proceder contra ellos, sembraron el odio y la división  de la sociedad, y hoy, como consecuencia de la pandemia, de la distorsión  de lo real mediante lo virtual y un largo etcétera, los medios de comunicación masiva, callan rastreramente lo que sucede de fondo en nuestro país y se dedican a corear las malas acciones de este gobierno, o realidades intrascendentes para la vida nacional, los políticos del anterior sistema, de todos los colores, antes tan protagónicos, tan amantes del reflector y de la influencia en sus respectivas bancadas y en la conciliación de las reformas, algunas mejores que otras, otras con mucho tiempo de retraso porque las condiciones políticas (léase los intereses de los propios partidos),no eran idóneas para esto o para aquello, hoy también son un vergonzoso hueco en el sistema de equilibrio, algunos porque pactaron, otros porque tiene cola que les pisen, otros, los menos, callados por falta de valor, por cobardía ante su responsabilidad histórica que sigue siendo menor que su interés por seguir percibiendo sus jugosos sueldos con la única responsabilidad de presenciar en palco de honor la destrucción  de México, y los poquísimos, honrosas excepciones que parecen estar en peligro de extinción, que levantan valientemente la voz en contra de aspectos con los que no están de acuerdo, sea en temas relativos a defensa de la vida, derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones, o al cuidado del medio ambiente, pero son muy pocos y son ignorados, o si alguna consciencia logran conmover, no es suficiente ni el número ni los temas, muchas veces no se percatan de que cuentan con mucho apoyo por parte de la sociedad a la que representan, pero ni unos ni otros estamos entrenados para trabajar en sinergia, que paradójico. 

Hay también notables liderazgos sociales, frescos algunos con voces jóvenes que nos llenan de esperanza, ya connotados otros, que no aprenden, no pueden o no quieren tampoco hacer sinergia y le hacen honor a ese triste México que prefiere obstaculizar el paso del vecino en lugar de buscar juntos una mayor altura de miras y un mejor horizonte de resultados.

Y ahora que asistimos al último, al más reciente golpe de este gobierno fallido, de esta farsa de división de poderes,  de esta pandilla de ladrones, corruptos destructores de México que le han autorizado al mandatario, nueva ironía, a quien debería de obedecer, la utilización  de los fondos depositados en más de 100 fideicomisos cuyo destino eran diversas áreas clave para el desarrollo de México, que veo una sociedad postrada y confundida entre los que están hechizados con un ejercicio electoral en el 2021 que ya se ve que no va a ser posible ante un sistema que ha claudicado y ha dejado que una sola persona, con mínima capacidad tome las decisiones que competen a todo el país, ante un grupo de gobernadores que tratan de levantar la cabeza como intentando no ahogarse de cansancio en una piscina enfangada que tiene demasiado lejos cualquiera de sus bordes, ante una sociedad que está haciendo esfuerzos titánicos pero inconexos, mientras otros sectores siguen pensando que los grandes noticieros les harían ver si México se acercara a algún peligro, y otros que siguen pensando que realmente en su calidad de pobres son la prioridad del gobierno, cuando en realidad solamente significan votos comprados al precio de la destrucción económica, social, política y económica de una noble pero en gran medida indolente nación, siento una gran nostalgia, porque es mucho lo que vamos a perder, o más bien lo que se está perdiendo, y tengo que voltear la mirada a un pasado melancólico que me hace pensar mucho en ese mi país del que dice la canción, “…tenía mi México un no se qué”.

Todos somos necesarios, cambiando paradigmas y marcando prioridades.

Pero vuelvo la mirada al frente y me pregunto y les pregunto, líderes, movimientos, legisladores, jueces, organismos de la sociedad, nuestra hora ha llegado, tal vez el panorama se presenta demasiado complejo, con grandes obstáculos y grandes huecos que dificultan la cohesión y la vinculación social, levantemos la voz, pero primeramente para escucharnos unos a otros, para unirnos, para sumar nuestras fuerzas, para establecer las estrategias que satisfagan los requerimientos de la reconstrucción  nacional, pero con prioridades claras, los dubitativos que se decidan de una vez y no miren pasar los acontecimientos en espera de un porvenir que no va a producirse solo, sumemos a los jóvenes, las ideas de unos y la creatividad de otros, la disposición al diálogo, el establecimiento de objetivos específicos, cortar, en su caso lo que se tenga que cortar, antes aún de lo que marquen los tiempos de lo políticamente correcto, tendremos que cambiar paradigmas sin salirnos de la ley pero estar dispuestos a hacer que se cumpla como sociedad mandante.

Hay una opción  que se ha hecho más visible, tal vez no sea la única pero contempla lo mismo que otras más, sólo hay que ponerse de acuerdo en los comos y en los tiempos, si criticamos a los políticos por no ponerse de acuerdo ni renunciar a sus colores, cuando todos vamos en el mismo barco, no caigamos en el mismo error, para que el futuro no nos reclame lo que no hicimos hoy y para que nuestros arrepentimientos no lleguen a ser por tardíos, válidos, pero inservibles.

Mexicanos al grito de guerra 3

En la última entrega hablamos de masiosares y de Charros Mexicanos, como parte de una nueva estructura o marco conceptual, para incidir en los conceptos de unidad nacional, de valores patrios y otros conceptos propositivos, para substraernos al discurso beligerante y polarizador. Unidad Nacional es lo que requerimos en estos momentos y unirnos en torno a valores universales que puedan ser asumidos por muchos, tales como los que nos propone nuestro Himno Nacional Mexicano.

En sangrientos combates los viste  
Por tu amor palpitando sus senos,
Arrostrar la metralla serenos,
Y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas
De tus hijos inflama la mente,
Los laureles del triunfo, tu frente
Volverán inmortales a ornar.

En esta estrofa vemos claramente que sin importar lo violenta y fragorosa que pueda resultar la contienda, será siempre preferible llegar hasta la entrega de la vida, antes que claudicar en su defensa.  Inicia de esta forma, “En sangrientos combates los viste por tu amor palpitando sus senos”, es decir, que el precio de la sangre, no resulta demasiado alto cuando lo que aquilata el valor de lo que se está defendiendo es precisamente el amor que se le tiene al bien defendido, que se manifiesta justo en el palpitante amor que nos surge desde dentro.

Sigue con el constante gesto valiente y desafiante, “arrostrar la metralla serenos, y la muerte o la gloria buscar”, una acertada alegoría de la virtud de la fortaleza, que está tanto en el resistir como en el acometer, cuando vemos que se mantiene la serenidad ante la adversidad que implica estar enfrentando el fuego enemigo representado en la metralla que se arrostra, hoy la metafórica metralla podría venir de la prensa, de los medios, de los legisladores con agendas extranjeras, del gobernante que se sirve del cargo, del arribista que busca medrar con banderas ideológicas que tal vez en el fondo no comparte, en fin , de todo aquél que se ha negado a ser fiel a su Patria, es decir cuando en el ataque recibido nos va la vida o la muerte y aun así como los “Niños Héroes”, que en Chapultepec honraron con su vida a la Patria y a la Historia, se irá hasta el final en el compromiso con la Patria.

No siendo suficiente lo dicho anteriormente, a continuación una llamada de atención, una previsión hacia el futuro en el que pudiera llegar a darse nuevamente una situación de guerra, de necesidad de salir en defensa de la Patria, “si el recuerdo de antiguas hazañas de tus hijos inflama la mente” tengamos por seguro que el evocar el pasado glorioso de algunos pasajes de nuestra Historia, servirá para volver a mantener viva la flama del heroísmo, necesidad que caracteriza a las horas más dramáticas del devenir presente o futuro.

Que este recuerdo que se haga de gestas heroicas del pasado, se convierta nuevamente en el impulso que permita salir airosos de las situaciones desventuradas en las que se haga necesaria la lucha para el restablecimiento de la paz y la unidad, con la promesa que leemos así “los laureles del triunfo, tu frente volverán inmortales a ornar”, es decir que nuevamente se verá adornada la orgulloza cabellera de la Patria con la corona del triunfo conquistada por sus hijos, quienes no dudarán en pagar con su vida y con su sangre el sagrado deber de defenderla.

¡Qué visionario parece haber sido el autor! como que tenía claro que tarde o temprano las gestas de hermanos voverían a manchar con los nubarrones del fragor de la batalla entre hermanos, a continuación nos insiste que no importa de donde provenga el enemigo, sea de más allá de sus fronteras o de sus propias entrañas, su destino habrá de ser el mismo, verá su destrucción a toda costa.

Como al golpe del rayo la encina 
Se derrumba hasta el hondo torrente,
La discordia vencida, impotente,
A los pies del arcángel cayó.
Ya no más de tus hijos la sangre
Se derrame en contienda de hermanos,
Sólo encuentra el acero en tus manos
Quien tu nombre sagrado insultó.

Para reforzar lo que se comentaba líneas más arriba, en torno al posible enemigo surgido desde el interior mismo de la Patria, en esta estrofa encontramos que nos dice: “Como al golpe del rayo la encina se derrumba hasta el hondo torrente, la discordia vencida, impotente, a los pies del arcángel cayó”, no puede ser más claro, cualquiera que sea la causa de la discordia, habrá que hacerla caer hasta el hondo barranco, como si hubiera sido destrozado por un rayo, todos sabemos lo que le sucede a un árbol cuando en medio de una tormenta en la montaña, recibe directamente la descarga de un rayo, al instante queda vuelto cenizas con los restos del tronco negruzcos como muestra del poder de la naturaleza.

Así será el destino de todo factor de discordia en la Patria, y entonces ya impotente, habiendo sido vencida, irá a dar a los pies del arcángel, ¿de cuál arcángel estamos hablando? Del que se menciona en la primera estrofa después de las líneas del coro, el arcángel de la paz, quien coronará las sienes de la Patria con la corona de olivo, éste mismo arcángel será el que una y otra vez que la discordia se haga presente para destruir la Unidad Nacional y por tanto poner en entredicho el destino de México, verá rodar a sus pies los calcinados restos de la discordia, sea quien fuere la causa de la misma. Y todavía insiste con mayor fuerza y claridad en las dos siguientes líneas, dejando claro que se está hablando de la posibilidad del enemigo surgido desde adentro, ante quien no se tendrá reserva alguna en someter por la fuerza de “el acero en tus manos” si es necesario, para evitar el combate entre connacionales.   

“Ya no más de tus hijos la sangre se derrame en contienda de hermanos, sólo encuentra el acero en tus manos quien tu nombre sagrado insultó” Y vaya que hoy día encontramos más de uno que pretende cimentar en la discordia, la división y el exacerbar las diferencias, la clave con la que identificar su forma de liderzgo, en lugar de hacer de la riqueza del mosaico pluriétnico y multicultural de México, el contrapunto que permita armonizar las diferencias para mostrar las grandes posibilidades que dicha variedad nos ofrecen, en la visión policromada en la que cada cual tiene un puesto importate en la formación del todo que sintetiza nuestra Patria, con su territorio y con su población, necesitada de un gobierno de unidad en el que se asuman los valores que estamos describiendo y no éste en el que se siembra la discordia.

Dejemos por ahora hasta aquí el análisis de nuestro Himno Nacional, espero que nos encontremos nuevamente en la siguiente entrega. Hasta entonces que Dios te bendiga.

Mexicanos al grito de guerra…1

Minientrada

Con este título doy inicio a una reflexión en torno a nuestro Himno Nacional, que se desarrollará en varias entregas, revisando una a una sus bellas e inspiradoras estrofas.

Al inicio de la década de los 60 del siglo pasado, 1961 para ser precisos, iniciaba yo el primer año de primaria en el Instituto México, para entonces en el plantel de la calle de Amores, en la Colonia del Valle de la Ciudad de México ya estaba solamente la primaria, dividida de 1o a 3o que correspondía a una mitad del patio central del edificio, y de 4o a 6o en la otra mitad, división que tenía por medio al famoso “portaaviones” como era conocido el núcleo de baños, construcción de un solo nivel, que remataba hacia otro patio posterior y el “campo de tierra” como se llamaba a la cancha de fútbol, remataba decía con la dulcería, lugar donde nos arremolinábamos en gran bullicio los revoltosos de primaria inferior o superior según el turno.

Este mencionado portaaviones era visible claramente desde el pasillo de la planta alta del edificio de aulas, ése que recorríamos camino al salón de canto, en donde se dieron mis primeros encuentros gozosos con nuestro Himno Nacional, su letra y su música.

Recuerdo claramente que me gustaba mucho ir a clase de canto, no crean ustedes que aprendí a cantar, puesto que en realidad no recibíamos clases de canto, eso sería muy adornado, íbamos simplemente a cantar al amparo del sonido del antiguo piano que ahí había y que me parecía muy claro e inspirador, pero no por eso se produjo el milagro de que aprendiera a cantar.

Eso me quedó muy claro cuando en alguna ocasión siendo alumno todavía de la escuela primaria, y disfrutando del canto como he dicho, me fui a inscribir para concursar a un puesto en el coro del colegio, y me rechazaron justamente por desafinado. Y desafinado seguí, y digo seguí porque no dejé de cantar, claro que lo hacía para mí mismo y con el público siempre amable por imaginario, que es el que solemos tener los cantantes como yo, de regadera.

Así pues, ya desde que subíamos por la escalera que nos correspondía y nos dirigíamos al salón de canto, la emoción se me hacía patente, el sonido de los pasos de más de 50 alumnos que habíamos en cada salón, me parecía como si fuera un pelotón de nuestro Ejército Nacional preparándose para servir a La Patria.

Tener a la vista el portaaviones ayudaba al escenario musical imaginado por mí, y no se diga cuando en ceremonias importantes nos reunían a todos los alumnos en el patio de tierra, seis grupos de cada grado de primaria, 36 grupos de 50 alumnos por lo menos, 1,800 alumnos, todos con uniforme de gala, perfectamente formados, ya se imaginarán la emoción que se sentía cuando entonábamos el Himno Nacional.

Actualmente tengo ya 65 años cumplidos y un recuerdo seguramente matizado por el tiempo, pero no solamente por el tiempo transcurrido, el tiempo presente, la época actual en la que mi México se debate entre crisis económicas, políticas, sociales y de salud pública.

Ahora que pareciera que los cimientos mismos de la Patria y toda la estructura social y el tejido familiar así como las convicciones personales son sometidos a pruebas de resistencia y de autenticidad, se me ha metido la idea de revisar el contenido de nuestro Himno Nacional, con la esperanza de encontrar en sus estrofas algo que nos brinde luz, que nos llene de aquella emoción con la que me ilusionaba y tanto me identificaba cuando de niño cantaba.

Por eso me di a la tarea de buscar una versión completa, y una búsqueda rápida en internet me arrojó de inmediato un puñado de opciones de las que tomé una al azar, que publicó la Secretaría de Relaciones Exteriores en el número 13 de Derecho y Cultura, correspondiente al ejemplar de enero a abril del año 2004. Y al momento de escribir y ponerlo en negritas y cursivas el título de la publicación, me detengo sorprendido, vuelvo a leer con calma DERECHO Y CULTURA.

Y de inmediato me digo, ¡cuánta falta nos hacen estas dos simples palabras! Y cuán pocos hemos de haber sido los que en algún momento hemos visto el contenido de esta publicación.  Derecho y Cultura, pero también se podría decir Derecho a la Cultura, o bien la Cultura del Derecho, y creo que me inclino más por el orden alfabético que el orden de aparición de estas palabras en la publicación aludida, Cultura del Derecho, si tan sólo esta materia se nos enseñara bien en todos los niveles escolares, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria, superior, tecnológica, normal, de manera adicional unos cuantos conceptos claros en torno a los números, al uso adecuado del lenguaje y un poco de trabajo en equipo, ¡qué distinta sería nuestra sociedad!

Pero volvamos al Himno, decía que busqué primero conocerlo completo, lo encuentro, lo leo, lo releo varias veces y descubro con asombro que, además de ser hermoso, cosa que yo recordaba, nuestro Himno Nacional podría ser una especie de manual del ciudadano, pleno de vigencia en cuanto al amor a La Patria, a la defensa de nuestros valores e identidad nacional, y sobre todo a entender la importancia de la Unidad como requisito indispensable para poder pensar en la defensa de México ante el “extraño enemigo”, viniera de donde viniese.

Vamos pues con esta remembranza y reflexión preliminar que nos pone un poco en contexto, a analizar la letra de nuestro bello Himno Nacional Mexicano.

La primera estrofa, que constituye el estribillo o coro, es la que todos mejor conocemos:

Mexicanos al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón

Vemos que esta primer estrofa del coro, NO habla de un país bélico, sino del espíritu que se necesita tener en el caso de que el estado de guerra por alguna circunstancia se presente.  Nos indica claramente a través de las palabras “el acero aprestad y el bridón”, que aluden a la espada y a la cabalgadura  de los soldados de caballería, que debemos estar preparados y decididos, sabiendo empuñar las armas y monturas que nos permitan emprender la defensa de lo nuestro.

Encontramos a continuación la consecuencia de la lucha armada en la evocadora  frase: “y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón”, al decir retiemble en sus centros nos dice el autor que vibren las entrañas de la Patria, no hace alusión por supuesto al planeta cuando dice tierra, sino a la tierra en tanto que el Territorio Nacional, mismo que podría verse amenazado o incluso invadido en una situación de guerra.

Por lo tanto tendrían que estremecerse las entrañas de la Nación, y esto sólo puede ser posible a través de la inflamación del sentimiento patrio de cada uno de sus ciudadanos, y a continuación nos presenta la realidad de la situación de beligerancia, “al sonoro rugir del cañón”, rugido ciertamente, producido por la explosión y las detonaciones de las armas de fuego, sea una pistola, un rifle o un cañón, será sonoro, pero no dejará de ser rugido, es decir, una fiera expresión de lo terrible de la guerra.

Continuaremos en la siguiente entrega. Te agradeceré si dejas un comentario.