Mexicanos al grito de guerra…1

Con este título doy inicio a una reflexión en torno a nuestro Himno Nacional, que se desarrollará en varias entregas, revisando una a una sus bellas e inspiradoras estrofas.

Al inicio de la década de los 60 del siglo pasado, 1961 para ser precisos, iniciaba yo el primer año de primaria en el Instituto México, para entonces en el plantel de la calle de Amores, en la Colonia del Valle de la Ciudad de México ya estaba solamente la primaria, dividida de 1o a 3o que correspondía a una mitad del patio central del edificio, y de 4o a 6o en la otra mitad, división que tenía por medio al famoso “portaaviones” como era conocido el núcleo de baños, construcción de un solo nivel, que remataba hacia otro patio posterior y el “campo de tierra” como se llamaba a la cancha de fútbol, remataba decía con la dulcería, lugar donde nos arremolinábamos en gran bullicio los revoltosos de primaria inferior o superior según el turno.

Este mencionado portaaviones era visible claramente desde el pasillo de la planta alta del edificio de aulas, ése que recorríamos camino al salón de canto, en donde se dieron mis primeros encuentros gozosos con nuestro Himno Nacional, su letra y su música.

Recuerdo claramente que me gustaba mucho ir a clase de canto, no crean ustedes que aprendí a cantar, puesto que en realidad no recibíamos clases de canto, eso sería muy adornado, íbamos simplemente a cantar al amparo del sonido del antiguo piano que ahí había y que me parecía muy claro e inspirador, pero no por eso se produjo el milagro de que aprendiera a cantar.

Eso me quedó muy claro cuando en alguna ocasión siendo alumno todavía de la escuela primaria, y disfrutando del canto como he dicho, me fui a inscribir para concursar a un puesto en el coro del colegio, y me rechazaron justamente por desafinado. Y desafinado seguí, y digo seguí porque no dejé de cantar, claro que lo hacía para mí mismo y con el público siempre amable por imaginario, que es el que solemos tener los cantantes como yo, de regadera.

Así pues, ya desde que subíamos por la escalera que nos correspondía y nos dirigíamos al salón de canto, la emoción se me hacía patente, el sonido de los pasos de más de 50 alumnos que habíamos en cada salón, me parecía como si fuera un pelotón de nuestro Ejército Nacional preparándose para servir a La Patria.

Tener a la vista el portaaviones ayudaba al escenario musical imaginado por mí, y no se diga cuando en ceremonias importantes nos reunían a todos los alumnos en el patio de tierra, seis grupos de cada grado de primaria, 36 grupos de 50 alumnos por lo menos, 1,800 alumnos, todos con uniforme de gala, perfectamente formados, ya se imaginarán la emoción que se sentía cuando entonábamos el Himno Nacional.

Actualmente tengo ya 65 años cumplidos y un recuerdo seguramente matizado por el tiempo, pero no solamente por el tiempo transcurrido, el tiempo presente, la época actual en la que mi México se debate entre crisis económicas, políticas, sociales y de salud pública.

Ahora que pareciera que los cimientos mismos de la Patria y toda la estructura social y el tejido familiar así como las convicciones personales son sometidos a pruebas de resistencia y de autenticidad, se me ha metido la idea de revisar el contenido de nuestro Himno Nacional, con la esperanza de encontrar en sus estrofas algo que nos brinde luz, que nos llene de aquella emoción con la que me ilusionaba y tanto me identificaba cuando de niño cantaba.

Por eso me di a la tarea de buscar una versión completa, y una búsqueda rápida en internet me arrojó de inmediato un puñado de opciones de las que tomé una al azar, que publicó la Secretaría de Relaciones Exteriores en el número 13 de Derecho y Cultura, correspondiente al ejemplar de enero a abril del año 2004. Y al momento de escribir y ponerlo en negritas y cursivas el título de la publicación, me detengo sorprendido, vuelvo a leer con calma DERECHO Y CULTURA.

Y de inmediato me digo, ¡cuánta falta nos hacen estas dos simples palabras! Y cuán pocos hemos de haber sido los que en algún momento hemos visto el contenido de esta publicación.  Derecho y Cultura, pero también se podría decir Derecho a la Cultura, o bien la Cultura del Derecho, y creo que me inclino más por el orden alfabético que el orden de aparición de estas palabras en la publicación aludida, Cultura del Derecho, si tan sólo esta materia se nos enseñara bien en todos los niveles escolares, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria, superior, tecnológica, normal, de manera adicional unos cuantos conceptos claros en torno a los números, al uso adecuado del lenguaje y un poco de trabajo en equipo, ¡qué distinta sería nuestra sociedad!

Pero volvamos al Himno, decía que busqué primero conocerlo completo, lo encuentro, lo leo, lo releo varias veces y descubro con asombro que, además de ser hermoso, cosa que yo recordaba, nuestro Himno Nacional podría ser una especie de manual del ciudadano, pleno de vigencia en cuanto al amor a La Patria, a la defensa de nuestros valores e identidad nacional, y sobre todo a entender la importancia de la Unidad como requisito indispensable para poder pensar en la defensa de México ante el “extraño enemigo”, viniera de donde viniese.

Vamos pues con esta remembranza y reflexión preliminar que nos pone un poco en contexto, a analizar la letra de nuestro bello Himno Nacional Mexicano.

La primera estrofa, que constituye el estribillo o coro, es la que todos mejor conocemos:

Mexicanos al grito de guerra
El acero aprestad y el bridón
Y retiemble en sus centros la tierra
Al sonoro rugir del cañón

Vemos que esta primer estrofa del coro, NO habla de un país bélico, sino del espíritu que se necesita tener en el caso de que el estado de guerra por alguna circunstancia se presente.  Nos indica claramente a través de las palabras “el acero aprestad y el bridón”, que aluden a la espada y a la cabalgadura  de los soldados de caballería, que debemos estar preparados y decididos, sabiendo empuñar las armas y monturas que nos permitan emprender la defensa de lo nuestro.

Encontramos a continuación la consecuencia de la lucha armada en la evocadora  frase: “y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón”, al decir retiemble en sus centros nos dice el autor que vibren las entrañas de la Patria, no hace alusión por supuesto al planeta cuando dice tierra, sino a la tierra en tanto que el Territorio Nacional, mismo que podría verse amenazado o incluso invadido en una situación de guerra.

Por lo tanto tendrían que estremecerse las entrañas de la Nación, y esto sólo puede ser posible a través de la inflamación del sentimiento patrio de cada uno de sus ciudadanos, y a continuación nos presenta la realidad de la situación de beligerancia, “al sonoro rugir del cañón”, rugido ciertamente, producido por la explosión y las detonaciones de las armas de fuego, sea una pistola, un rifle o un cañón, será sonoro, pero no dejará de ser rugido, es decir, una fiera expresión de lo terrible de la guerra.

Continuaremos en la siguiente entrega. Te agradeceré si dejas un comentario.

Publicado por raulsalastorres

Ciudadano comprometido con México, nacido en 1955 en la Ciudad de México. Convencido de que una sociedad sólida, educada, formada en valores morales y cívicos es pilar fundamental para garantizar el desarrollo integral del país.

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